Acaba de firmarse el convenio entre la Unión Europea (UE), por un lado, y Perú y Colombia, por otro lado, para la exención del visado para viajes de corta duración al territorio parte del Tratado Schengen (en Europa) por parte de los ciudadanos de estos dos últimos países.
Esta firma es sólo un paso más en un largo proceso incierto,
ya que aún falta la ratificación de dicho convenio por parte de los parlamentos
respectivos.
Hay que incidir en que que es muy probable que el Parlamento
Europeo no apruebe esta medida, por un mero cálculo de interés electoral de
parte de los eurodiputados –de cara a una ciudadanía europea reacia a cualquier
ventana que se abra a la inmigración tercermundista-.
Pero el punto que queremos resaltar aquí es el mero hecho
que la UE y otros se atribuyan la facultad de evaluar a países en vías de desarrollo
como Perú o Colombia a ver si sus ciudadanos “califican” para ser exonerados
del visado.
A nuestro parecer, esto humanamente es degradante y va en contra
de la dignidad humana pues si todos los individuos somos igual de valiosos ¿por
qué hemos de ser discriminados según nuestra nacionalidad (o la falta de
aquella, en caso de los apátridas)?.
Claro, se nos podrá replicar que los Estados ejercen sus
propias leyes y lo hacen porque los pueblos que –presuntamente- representan gozan
de soberanía.
Pero, frente a ello planteamos si acaso la soberanía popular
(noción que se atribuye a colectividades con fronteras difusas e identidades
artificiosas) ha de estar por encima de la dignidad humana (esa que corresponde
a las personas de carne y hueso) o más bien ha de ser al revés.
Desde una perspectiva radical de derechos humanos (es decir,
una que va a la raíz) nos decantamos sin duda alguna por la segunda
opción y no renunciamos al ideal de un mundo donde el libre tránsito universal sea
algún día un derecho humano materializado.
Todo ello sin perjuicio de señalar la hipocresía de un
discurso oficial “neoliberal” para el cual el libre tránsito de mercancías –vía
los tratados de libre comercio entre Estados- es un anhelo a conseguir a toda a
costa (y hasta incluso hay una entidad paralela a las Naciones Unidas como lo
es la Organización Mundial del Comercio que presiona, según los intereses del
gran capital, por ello) mientras el libre
tránsito de personas humanas queda bajo ese mismo discurso restringido por
cuestiones de ”seguridad”.
Si el “neoliberalismo” fuese coherente (y si fuese tan
liberal como se pregona) habría también de proponer el libre tránsito universal
de personas.
Mientras tanto, unos evaluando y otros mendigando por
visados….irritante y patético a la vez.

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